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Diseñar una app no consiste solamente en «saber cómo hacerlo». Implica conocer también los dispositivos existentes y cambiar nuestra forma de pensar, aceptando que esto puede significar dejar atrás mucho de lo que hemos aprendido diseñando para web.

Cuando Apple lanzó su smartwatch hace unos días atrás, los diseñadores de apps tuvimos sensaciones encontradas. Por un lado, era emocionante ver un dispositivo que ofrecía nuevas posibilidades de diseño; pero por otro, sentíamos el desafío de comenzar a entender un medio con interacciones y escenarios de uso distintos a los que habíamos visto hasta ahora en los teléfonos móviles y tabletas. No es la primera vez que aparece en el mercado un dispositivo como este, sólo que las novedades tecnológicas que involucran el diseño de aplicaciones se suceden cada vez más rápidamente y así de veloz tiene que ser nuestra cabeza para adaptarse a los cambios.

Volviendo un poco hacia atrás, quizás el primer gran golpe se produjo hace ya casi 20 años, con la llegada masiva de internet a los hogares y la consecuente aparición de los primeros sitios web. En ese entonces, la mayoría de los diseñadores centraba su actividad en la gráfica impresa y tuvieron que aprender casi a la fuerza cómo diseñar para un medio interactivo, donde el usuario ya no era sólo un espectador. Para algunos –más que para otros– esta transición fue difícil. Por eso terminamos viendo webs diseñadas como si fueran carteles pero con botones: los diseñadores no conseguían entender completamente las características de este nuevo medio.

Hoy, esto vuelve a pasar con las apps. Es fácil observar diseños de aplicaciones que, en realidad, se parecen a sitios web pero en pequeño. Se diseña como una traducción o traslación de la web de escritorio al teléfono, y por eso no se tiene en cuenta contrastes, tamaños tipográficos o de objetivos táctiles, cómo usamos los gestos, en qué móvil se usará la aplicación, quién será el usuario o dónde estará.

Es necesario salir de la ‘estructura web’ a la hora de diseñar ya que este estilo y forma de diseñar, incluso, jugarnos en contra cuando abordamos una aplicación. Hay que comenzar a repensar los proyectos de diseño con una mentalidad diferente, entendiendo el dispositivo, para sacarle el mayor provecho posible.

Pero entonces, ¿qué hace falta saber para ser un diseñador de apps? Más que conocimientos o herramientas, lo que se necesita es cambiar nuestra forma de pensar.

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Vía - Javier «Simón» Cuello

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Alejandro Guiberra

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